Mala memoria

He tardado más de un año, pero, por fin, ha llegado el día de escribir (en exclusiva) sobre la saga Crepúsculo. Sí, ya sé que he mencionado a la familia Cullen en muchos de mis posts (cuando tengo debilidad por algo se me nota, como habréis sospechado que me pasa con Sobrenatural o Arrow). No sé si será el hecho de que, estos días, la aplicación que te recuerda lo que publicaste tal día como hoy en Facebook repasa, casi a diario mis status sobre las películas de la saga, que se estrenaban, año tras año, siempre en noviembre; o que, además, este mes se están emitiendo todas en un ciclo que ha programado el canal AXN White. O, casi seguro, que es porque, hace poco, con unos días de diferencia, dos mujeres me dijeron que no sabían quién es Robert Pattinson, algo que hubiera sido impensable hace unos pocos años. Sí, tenemos mala memoria.

 

Para mi, todo empezó un día en Akira Cómics (que ahora es una de las tiendas del gremio más famosas del mundo, pero a la que íbamos porque estaba muy surtida, porque nos quedaba cerca, y porque nos trataban muy bien), donde cada quince días, mi marido compraba comics y yo libros. Aquel día de 2009 me llevé una desagradable sorpresa al descubrir que, por aquel entonces, no quedaba ninguna novela de Terry Pratchett que no hubiera leído ya. ¿Y ahora qué?

Era esa una época en que en el metro veías todos los días a alguna persona (generalmente del género femenino) con ese libro (de los de papel) negro con una manzana y unas manos en la portada. Libro que descansaba en las estanterías de Akira, junto a otros tres del mismo estilo. Pregunté cuál era el primero, y me lo llevé a casa. Aquel día cambió mi vida.

No puedo decir, (porque mentiría vilmente) que el libro sea bueno. Stephenie Meyer es una profesora americana, que una vez tuvo un sueño. Nada que ver con el de Martin Luther King, aunque ella también creó una revolución. El de las mujeres de cualquier edad leyendo ávidamente la historia de amor de un par de adolescentes, (aunque uno de los dos tenga más de cien años).

¿Habéis olvidado la historia? Bella es una chica callada y tímida, que se muda a vivir con su padre, el Sheriff Swan, a un pequeño y gris pueblo del estado de Washington, (que, como ya sabéis, no tiene nada que ver con Washington DC, sino que está, justo, en la otra punta del país). En el instituto va a hacer (pocos) amigos (en las películas sus amigas son Anna Kendrick, que después estuvo nominada al Oscar y Christian Serratos, la Rosita de The Walking Dead) y va a conocer a los Cullen, cinco hermanos (dos chicas y tres chicos) todos ellos adoptados por el médico del pueblo y su mujer, todos extremadamente atractivos y misteriosos.

Uno de ellos es Edward. El más guapo de la familia, alto, inteligente y distante. A Bella, como es de esperar, le va a gustar a primera vista (como al cincuenta por ciento de las mujeres que leímos los libros). Pero Edward tiene dos características que lo hacen aún más especial que el resto de los vulgares chicos de Forks. La primera es que puede leer los pensamientos de cualquier persona a su alrededor. La segunda es que es un vampiro. Pero un vampiro bueno, que lleva muchos años sin beber sangre humana, y se alimenta solo de animales.

Para Edward, Bella habría sido solo una chica mona más de las que recorrían los pasillos de los numerosos institutos y universidades en los que había estudiado a lo largo del último siglo, si no hubiera resultado que Bella también tiene dos características que la hacen especial: Edward no puede leer sus pensamientos, y su olor la hace extremadamente atractiva. Pero del tipo de atracción que resulta al pasar por una pastelería a la hora de comer. Edward, que es bueno, y no toma sangre humana, decide evitar la tentación y no tener el más mínimo contacto con ella. Pero, su empeño va resultar inútil, porque, como era de esperar, ambos se van a enamorar locamente el uno del otro, a pesar de todo. Y el romance es casi perfecto.

Pero (a lo largo de cuatro libros y cinco películas) un montón accidentes domésticos sin importancia y poco reales, (que yo me he cortado muchas veces con un papel, y nunca me he desangrado por ello), de vampiros con malas intenciones, y licántropos (en especial uno) van a interferir, y a intentar acabar con su amor, e incluso con sus vidas.

Edward, como todos los vampiros que han salido de la pluma de Stephenie, brilla al sol, es duro como el mármol, y tiene un veneno en su saliva que es lo que hace que te conviertas en vampiro con solo un mordisco. Pequeños detalles “sin importancia” que provocaron que todos los amantes de la literatura vampírica se echara las manos a la cabeza, como poco. Además está educado a la antigua (nació a principios del siglo XX, qué se puede esperar), de los que no mantienen relaciones sexuales hasta el matrimonio, y se comporta con una caballerosidad propia de su época, algo que también soliviantó al movimiento feminista. Eso y que Bella fuera una damisela en apuros, a la que Edward siempre tenía que proteger y salvar.

Supongo que fue ese el motivo por el que la guionista de las películas, convirtió a la dulce e inocente Bella en un personaje diametralmente opuesto; antipática, seca y poco femenina. Una mujer de la que el Edward de los libros nunca se habría enamorado. Ese fue uno de los primeros errores que se cometieron en la producción de las películas. Pero la lista de errores es larga. La elección del cast (a excepción del propio Edward y del Sheriff Swan) debieron de hacerla borrachos o con las gafas sucias. Actores morenos interpretando a rubios, rubios a morenos, todos usando unas pelucas que seguro encontraron en los chinos en un saldo después del carnaval, y unos maquillajes que ni el estuche de la Señorita Pepis. También decidieron cambiar a la actriz que interpretaba a la mala, en la tercera película sin venir a cuento. Y por supuesto no respetaron algunos de los pasajes y personajes más importantes de los libros. Siempre pensé que la autora se dejó engañar, a cambio de hacer un cameo en la primera película. Algunas se venden muy barato.

Pero la cosa sigue, porque el actor que interpreta a Jacob Black, que se convertirá en el tercer vértice del triángulo amoroso, se sabía que acabaría por medir casi dos metros (sólo era necesario leerse los libros), pero la elección recayó sobre Taylor Lautner, que es una monada, (y enamoró al otro cincuenta por ciento de las lectoras) pero que mide escasos  1,75. Así que en las escenas en las que se encuentra con Pattinson (diez centímetros más alto que él) tiene que subirse a un tronco caído en el bosque, y otros recursos cinematográficos que ya utilizaban con Humphrey Bogart. Siempre dicen que cuando la producción empezó, tenían muy poco presupuesto, y que para cuando el dinero llegó, ya iban por la cuarta película. Excusas baratas, para mi gusto.

Aún así, las películas me engancharon, a mi, y a millones de mujeres, gracias, sobre todo al protagonista, al del papel, y al de carne y hueso, que, a pesar de no ser demasiado expresivo, y de hablar muy bajito, consiguió hacer suyo el personaje triste y atormentado, que intenta luchar contra sus sentimientos, pero no lo consigue. Ese hombre con el que que millones de mujeres soñaban y que querían encontrar, para que las mirara, las tratara, y las enamorara como Edward a Bella.

Por eso me sorprende que haya mujeres que no conozcan a un actor al que atropelló un taxi mientras huía de una horda de fans enloquecidas, que fue portada de todas las publicaciones conocidas, de papel y digitales, del que se habló hasta la saciedad, en radio y televisión, sobre todo cuando su coprotagonista y entonces novia, (que con los años ha acabado por salir del armario, algo que yo siempre avisé) le puso los cuernos con el director de su siguiente película. El hombre que fue imagen de Volvo, de Pepsi, de Caja Madrid, de Lays, que ocupó las vallas de todas las ciudades del mundo, que es el protagonista de las campañas de Dior Homme de los últimos años.

Si los libros eran malos, las películas eran peores. Aún así, mis amigas y yo quedábamos para hacer un maratón previo a cada uno de los estrenos. Aún así, tengo los cuatro libros en inglés y en español. Tengo las cinco películas en DVD y en bluray. Y, gracias a ellas, otras sagas como Los Juegos del Hambre, aprovecharon el tirón e hicieron sus propias adaptaciones a lo grande esta vez.

A pesar de todo, merecen una oportunidad, aprovechad ahora que las están emitiendo, o que las encontraréis de oferta en algún 2×1, si os gustan las historias de amor inmortal. O a lo mejor preferís leer os libros. Por tenéis mala memoria, los títulos son Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer.

Publicado en Tribuna de Ávila, el 12.11.2016

 

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