Chicago da para mucho

Algunas de mis amigas se quejan, porque leen mi blog puntualmente cada semana, y, por separado, comprenden todas las palabras que escribo, pero, cuando terminan el post, no han entendido absolutamente nada de lo que he escrito. Demasiada fantasía, demasiado sobrenatural, demasiado cómic. Soy muy friki para ellas.

Así, que esta semana, voy a escribir sobre unas series mucho más sencillas, de esas que cuentan historias del día a día. El creador Dick Wolf es el artífice de una franquicia que transcurre en la ciudad de Chicago, y es algo así como jugar a las profesiones.

Todo empezó con Chicago Fire (AXN) en 2012. Es esta una serie que cuenta las aventuras y desventuras de un grupo de bomberos y paramédicos en la tercera ciudad con mayor población de Estados Unidos. No esperéis un extenso desarrollo de argumento. Son un grupo de hombres y mujeres, que conviven, y que se van a enamorar y desenamorar, querer y odiar, mientras nosotros somos testigos. La originalidad de esta serie es que (si mi memoria no me juega una mala pasada) es la primera que describe la vida de estos profesionales.

Está protagonizada por Jesse Spencer y Taylor Kinney (el ex-novio de Lady Gaga), al que conocimos como licántropo en Crónicas Vampíricas, de donde también llegó Steven R. McQueen (nieto del mítico actor del que heredó el nombre), donde fue el hermano pequeño de Elena.

En 2014 llegó a las pantallas americanas Chicago P.D. (TVE emitió la primera temporada y ahora se puede ver, al completo, los miércoles en Calle 13). Esta vez la temática no es precisamente original; si Canción Triste de Hill Street transcurriera en nuestros días, seguramente sería muy similar a esta serie. Eso no es malo. Parece que se había perdido el gusto por las series policiales de toda la vida. La base es la misma, que su hermana mayor, pero esta vez se trata de policías (de los que llevan uniforme y de los detectives de paisano), y sus aventuras diarias. Y, como es de esperar, pronto se cruzarán en sus caminos bomberos y paramédicos. No hay nada que le guste más a los americanos (ni a mi) que un crossover.