Vampiros para adultos

¿Os acordáis de la época en la que todo eran vampiros? Crepúsculo revitalizó un género que había caído en desuso, el de los vampiros, pero vampiros enamorados.

Los vampiros pueden dividirse en dos categorías: por un lado están los monstruos chupasangres y malvados, de aspecto terrorífico, y que siempre son los malos de la película. Luego están otros de perfil más romántico, cuya languidez les lleva a cometer los mismos errores que a los simples mortales, guiados por un corazón que, aunque dejó de latir, no ha dejado de sentir, (y en muchas ocasiones, además, son atractivos). Antes de que digáis nada, os recuerdo que el Drácula de Bram Stoker pertenece al segundo grupo.

Con la fiebre vampírica llegaron las adaptaciones de libros a la pantalla, de todos los colores y sabores. Así que frente a la empalagosa saga de Stephenie Meyer, HBO decidió poner el punto picante con las criaturas a las que había dado vida Charlaine Harris. Y cuando hablamos de HBO sabemos que lo de “picante” siempre se va a quedar corto; ya sabemos que el canal responsable de Juego de Tronos deja poco a la imaginación.

Leí el primero de los libros de Harris pero no me enganchó. Por cierto, encontré demasiadas similitudes entre estos libros y los de los Cullen. Hecho: los libros True Blood son anteriores a los de Crepúsculo, así que ya sabemos quién se inspiró en quién. Supongo que estos serían los libros que habría querido escribir E.L. James, la autora de Cincuenta sombras de Grey (qué traducción más horrenda, por favor), que se dedicaba a escribir fanfictions adultos de los Cullen. (Y no, ni los he leído, ni he visto las películas).

Había prometido que daría una oportunidad a True Blood, aunque solo fuera la primera temporada, y suelo cumplir mis promesas. La otra razón para ver la serie era el rol de actores que salpican el cast (unos en un par de episodios, otros como personajes importantes a lo largo de las siete temporadas). Desde Alexander Skarsgard (el guapo de la familia), o Joe Manganiello (el super atractivo marido de la super atractiva Sofía Vergara), pasando por Adina Porter (Los 100), Kevin Alejandro (Lucifer, Arrow), Anna Kamp (Pitch Perfect), Michael Raymond-James (Érase una vez), Mechad Brooks (Supergirl), Robert Patrick (Terminator 2, Scorpion), Scott Foley (Anatomía de Grey, Scandal), Nathan Parsons (Los Originales), Courtney Ford (Supernatural, Dexter), Evan Rachel Wood (Westworld), Camilla Luddington (Anatomía de Grey), Christopher Heyerdahl (Supernatural), Alfre Woddard (Luke Cage), Shannon Lucio (The OC), o Kevin McHale (Glee), entre otros muchísimos, y eso que la serie solo duró 81 episodios…

¿Os cuento de qué va la historia? En la actualidad (del estreno de la serie) vivimos en una era en la que los vampiros, que hasta ahora vivían ocultos, han salido del armario (o del ataúd), gracias a que en Japón han inventado una sangres sintética que se vende embotellada, lo que les permite vivir sin que la vida humana corra peligro. Claro que, como todas las criaturas, hay vampiros buenos, vampiros malos, y todos los tonos de gris entre unos y otros. Tonos, no sombras.

Bill Compton (Stephen Moyer), es uno de estos vampiros (aparentemente) buenos (aunque nunca se sabe); nació en Bon Temps, un pueblo de Louisiana, anticuado, puritano y supersticioso, y ahora vuelve a su hogar. En Bon Temps vive Sookie Stackhouse (Anna Paquin), una chica casi normal, aunque en el pueblo creen que le falta un hervor, porque se comporta de manera muy rara. Pero lo que pasa es que Sookie puede leer el pensamiento de todo el mundo, y, a veces, es difícil no reaccionar ante lo que algunos piensan, sin delatarse. Muy poca gente conoce la habilidad de Sookie, solo su familia y amigos, a los que ha prometido no escuchar nunca, lo cual requiere un gran esfuerzo mental por su parte.

Sokie trabaja como camarera en una cafetería, vive con su adorable abuela, y su hermano, al que, de verdad, le falta un hervor, y que cuando piensa, no lo hace con el cerebro que tiene en la cabeza. Sam es el dueño de la cafetería, y está enamorado de Sookie. Y algo falla en él. Allí también trabaja, entre otros, Lafayette, (interpretado por Nelsan Ellis, fallecido hace poco más de un mes), un cocinero gay, que, además de hacer hamburguesas, trafica con drogas y sexo. Tara es su prima. Hija de alcohólica, y llena de complejos, que combate a base de mal humor y peores contestaciones, es la mejor amiga de Sookie.

A la cafetería va a llegar una noche Bill, y Sookie va a hacer un descubrimiento, no puede oír sus pensamientos. Esa sensación de silencio, acompañada del físico del vampiro van a hacer que se sienta inmediatamente atraída por él (¿esto no os recuerda a algo?); y la cosa es mutua. Algo que no va a ser bien visto por los puritanos vecinos de la joven. Tampoco va a ser de mucha ayuda el hecho de que hayan aparecido asesinadas una serie de mujeres que se han relacionado (de manera bastante íntima) con vampiros. La investigación pronto rondará a los Stackhouse.

Serie muy explícita (aunque ya estamos acostumbrados a ello con Juego de Tronos o American Gods), cuenta con un atractivo cast masculino. La única pega que puedo poner a True Blood es el forzadísimo acento sureño (que suena a forzado), pero que no sufriréis si veis la versión doblada. Las siete temporadas están en HBO, y también en DVD y BluRay.

Publicado en Tribuna de Ávila

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