Allie Sheridan acaba de ser expulsada del Instituto. Otra vez. Desde que su hermano desapareció sin dejar nada más que una nota, su comportamiento y su rebeldía le han causado más de un problema. Así que sus padres deciden poner remedio a esta situación y la envían a un internado: Cimmeria (sí, como la tierra de Conan)

Pero lo que en un principio podría haber sido prácticamente un reformatorio, resulta ser un exclusivo centro educativo, sólo accesible a unos pocos privilegiados, normalmente por «derecho de sucesión»; prácticamente todos los alumnos son hijos de grandes personalidades de la política, la economía o la medicina. El colegio parece salido de otra época; no hay ordenadores, ni televisión, ni móviles, y es estricto en algunos aspectos, como la puntualidad, pero, sin embargo, los profesores permiten que se les llame por su nombre de pila, e incluso que se les tutee.

Nadie sabe qué pinta una problemática chica corriente de Londres, cuyos padres tienen trabajos y vidas normales, en Cimmeria; ni siquiera la propia Allie.

Resultado de imagen de Night School (Tras los muros de Cimmeria)

Poco a poco irá conociendo a sus compañeros, e irá estableciendo relaciones de amistad, enemistad, o romance con el irresistible Sylvain, el problemático Carter, la odiosa Katie y su corte, la alocada Jo y su novio Gabe y los amigos de éste Lucas, Ruth o Lisa. Algunos de ellos forman parte de la secreta Night School. Pero está prohibido desvelar quiénes son. O qué hacen. O porqué existe. Y ese no es el único misterio que se oculta en Cimmeria. O en la familia de Allie.

Pero claro, hay que esperar al siguiente libro para saber qué les depara el futuro a alumnos y profesores. ¿Qué fue de aquellos libros que contaban una historia con principio y fin? ¿Es que ahora todo tienen que ser sagas? El caso es que el libro me ha dejado intrigada, y tengo ganas de que se desvele el final, aunque su autora C.J. Daugherty aún está escribiendo la segunda parte.

Publicado originalmente el 24/05/2012

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