Vidal tenía que morir

¡Cuánto tiempo hacía que no os hablaba de un libro! Os voy a recomendar hoy uno de esos que se leen del tirón, en una tarde de verano en la playa o la piscina.

Guillermo está en la cafetería del tanatorio de la M30, una madrugada. No ha ido de after (lo creáis o no, hubo una época en que la gente iba al bar del tanatorio o del aeropuerto cuando ya habían cerrado las discotecas). Está velando a su padre, sin ninguna compañía, porque su madre le ha pedido que no lo deje “solo”. Todo muy bizarro.

En un ambiente tan peculiar va a conocer a un tipo más peculiar aún, que parece salido de una película de Francis Ford Coppola. También está velando a un familiar. Concretamente, a su hermano. En esta conversación de barra Guillermo va a tener una gran idea. Escribir esa novela que lleva años esperando escribir. Y que esa novela le traiga el éxito y la felicidad que no consigue alcanzar.

Y es que aunque está enamorado de su mujer, con la que acaba de tener un bebé, la relación se está enfriando poco a poco. Su trabajo no le gusta, porque lo que él quiere ser es novelista. Y, sobre todo, es infeliz porque odia a su hermano, y su aire de suficiencia. Y lo odia a muerte desde que eran niños.

Pero la clave del éxito de esta novela está en la historia de Vidal, el hermano que su recién estrenado amigo velaba en el tanatorio. Porque su muerte es muy de novela negra, pero, Guillermo va a tener que desenmarañar la madeja del misterio, y, sobre todo, entender la frase que el hermano del fallecido le dijo nada más conocerse. Vidal tenía que morir.

Ambientada en un Madrid muy reconocible, ahora y en los ochenta, esta novela de Juan Novo Cuadrupani, que además es redactor de política en Antena 3, viaja al pasado, y aprovecha para darse un paseo por Cuba, todo a una velocidad vertiginosa, y sin posibilidad de aburrirse.

Publicado en Tribuna de Ávila

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